En aquellos tiempos yo me encontraba trabajando en la recepción de un hotel, el cual estaba alejado de la ciudad.
Era mi segundo año en dicha recepción y la verdad es que me encontraba muy cómodo realizando aquel trabajo porque era divertido aunque algunas veces era monótono.
Varios altercados poseía en mi haber, no me sentía orgulloso de contar lo que me había ocurrido en mi trabajo de recepcionista porque la verdad es que aquellas situaciones era muy desconcertantes y me superaban tanto moral como psicológicamente.
La peor situación que vivir en la recepción ocurrió hace ya más de un año.
Era una noche muy fría, la temperatura en la calle era de 5 grados bajo cero, la niebla lo cubría prácticamente todo y era muy probable que una fuerte helada cayera sobre la ciudad de Zamora.
Yo llegué a mi puesto de trabajo como todas las noches, puntual y aseado porque sin estas dos normas particularmente pienso que la noche ya empieza mal.
Mi compañera me estuvo explicando los trabajos que tenia que realizar.
Pasada media hora mi compañera se marcho, quedándome yo solo en la recepción.
Hasta las tres de la mañana estuve bastante distraído haciendo la contabilidad de aquel día.
Una vez acabada ya no sabia que hacer y me puse a leer una novela la cual trataba de un loco que se había escapado del psiquiátrico y asesinaba a las personas pero solamente por la noche, las engañaba haciéndose pasar por un minusválido y cuando tenia a la víctima cerca la mataba sin miramiento ni remordimiento alguno, la verdad es que la novela estaba muy interesante pero poco a poco el cansancio se fue apoderando de mi hasta que entre en un profundo sueño.
De repente escuché un ruido, me levante y mire a la puerta que dividía la recepción de la calle.
No observe nada extraño, pero tuve un ligero presentimiento maligno y decidí cerrar la puerta de la recepción para evitar males mayores.
Entre al despacho, el cual estaba detrás de la recepción a beber un poco de agua para intentar despejarme.
En el primer sorbo de agua, escuche un segundo ruido más fuerte si cabe que el anterior.
Me apresuré a mira por segunda vez la puerta pero continuaba sin observa nada fuera de lo normal.
Estaba un poco consternado por aquella situación, el pulso se me estaba acelerando.
Me di la vuelta, nada mas girarme un tercer golpe desbordo mi calma, volví a mirar por la puerta y mi sorpresa fue tal que retrocedí rápidamente.
En la puerta principal del hotel se encontraba un hombre en una silla de ruedas, de mediana edad, vestido con harapos y con una larga y espesa barba.
Con sus manos tocaba dicha puerta mientras murmuraba que le abriera, diciéndome que tenía mucho frío y no tenia donde caerse muerto.
Me fui acercado lentamente, estaba nervioso porque no era normal lo que me estaba ocurrido en esos momentos.
A punto de abrir la puerta, llego a mi cabeza un pensamiento salvador.
El loco del libro, no podía ser, era algo fuera de lo normal, aquel hombre que estaba frente a mi podía ser el mismo que un escritor anónimo había plasmado en su obra anteriormente.
No quise comprobar si realmente era el asesino del libro y me fue alejando lentamente de la mirada vacía de aquel individuo.
Me senté en mi silla de trabajo mientras el hombre anónimo seguía dando golpes cada vez más fuertes y gritando a pleno pulmón.
Así estuvo durante diez largos y angustiosos minutos hasta que una idea poco fiable rondo por mi mente.
Me dispuse a descolgar el teléfono y empecé a marcar el número de los taxis de Zamora.
Era una idea bastante absurda pero solo pensar que en frente de mi había un supuesto maniático, alteraba gravemente mi estado de animo y ponía en funcionamiento una de mis necesidades vitales, el sobrevivir.
A los dos tonos, me cogieron la llamada, inmediatamente les di la dirección del hotel y les dije que era para un cliente, el cual estaba en una silla de ruedas y no se sabía valer por si mismo.
La espera se hizo interminable, solamente quería que todo acabase.
A los 7 minutos, apareció el taxi, de él se bajo el conductor cumpliendo las normas que anteriormente yo había citado por vía telefónica.
Con cierta prisa, se fue acercando al individuo, hasta que lo tuvo delante de él.
De pronto el supuesto homicida se levanto de la silla de ruedas, me miro fijamente y me hizo un gesto parecido al de degollar.
Se fue lentamente, dejando allí la silla de ruedas, mientras el taxista me pedía explicaciones por lo ocurrido.
En esos instantes me encontraba muy confuso y anonadado, no lo podía creer, era él, el asesino.
El taxista se fue mosqueado del hotel mientras me dirigía al despacho a beber un poco de agua.
Un tremendo ruido me alerto.
Salí corriendo del despacho hacia la puerta y me encontré con el cadáver del taxista.
Estaba aterrorizado, no podía ser.
De repente, me tocaron en el hombro, me gire bruscamente.
Era él, el asesino, tenia un cuchillo lleno de sangre, me miro a los ojos y me dijo violentamente:
- Óscar, despierta.
No me lo podía creer, era mi director, me había quedado dormido mientras leía, todo había sido una pesadilla.
Nunca me había alegrado tanto de ver a mi director.
Un abrazo
No hay comentarios:
Publicar un comentario